Article de la revista Yorokobu que ens parla del treball artístic i científic de Rose-Lynn Fisher:
"El llanto y su secreción acuosa han
sido objeto de cientos de obras de arte seguramente por ser la
materialización de lo más íntimo de nuestros sentimientos, aquello que
define a quienes habitamos este valle de…
Y sin embargo las lágrimas no son más
que agua con algunas proteínas, lípidos, enzimas y algunos minerales.
Las lágrimas son lágrimas y punto, igualitas unas a otras como gotas de
agua. ¿O no? Bueno, pues la cosa no es tan sencilla: las lágrimas tienen
varias funciones y al menos tres tipos diferentes.
Están las que nos lubrican el ojo,
las que lo protegen ante partículas extrañas o sustancias irritantes, y
están las que vienen producidas por una tensión emocional, una factura
inesperada o un dolor del tipo que sea. Y resulta que no son iguales. Su
composición química es diferente.
Las lágrimas emocionales tienen más
proteínas que las otras, contienen diversas hormonas y su estructura de
cristalización varía, y varía además según sea la emoción que las ha
producido. O sea que ¿en un microscopio se verían diferentes las
lágrimas de desamor, las de alegría o las de rabia?
Pues resulta que sí, y en fotografiar
esas diferencias lleva casi diez años metida Rose-Lynn Fisher, una
artista estadounidense, que en su proyecto The Topography of Tears
enseña las imágenes de microscopio que muestran que las lágrimas que
nos provoca pelar cebollas forman un patrón fractal, compacto y con
aspecto vegetal, que las lágrimas de la risa cristalizan de forma
alocada o que las del luto forman estructuras limpias y ordenadas como
los pasillos de un tanatorio o los espacios que deja la ausencia. Son
distintas, muy distintas.
Es bonito ver esas imágenes de la
química de las lágrimas presentadas por una artista que no está empeñada
en explicarnos las estructuras moleculares de la ira o el desconsuelo,
sino en, como ella dice, «alcanzar la intangible poesía de la vida».
Y no solo los artistas saben observar
las lágrimas. De entre las distintas versiones del descubrimiento por
Alexander Fleming de la lisozima, un protector antibacteriano presente
en las lágrimas, una de ellas dice que llorando de impotencia, dejó caer
unas lágrimas sobre uno de sus cultivos y observó que donde había
habido lágrimas, el cultivo quedaba libre de bacterias.
Fueran lágrimas o más bien moco lo
que cayó en los cultivos de Fleming, fuera suyo o de un paciente, el
caso es que años antes de descubrir la penicilina (otra historia con
múltiples versiones que dan un papel más o menos protagonista a la
capacidad observadora de Fleming y a la casualidad), don Alexander
encontró una enzima antimicrobiana presente en nuestras lagrimitas de
toda la vida.
Ya sean de plástico azul como las de
Sabina, negras como las del bolero aquel de Matamoros o aunque se nos
caigan en la arena como a Peret, la verdad es que las lágrimas son un
tesoro químico que se nos asoma a los ojos por muchas razones y nos pasa
desapercibido casi siempre. Pa echarse a llorar."
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